sábado, 30 de enero de 2016

Karma

Un olor a vainilla y flores interrumpió mi usual sueño de media tarde, ella usaba un delicado vestido blanco y negro, su sonrisa no podría ser borrada por ningún motivo.

Mientras tanto, él esperaba en la sala junto a mi anciana tía abuela, se había producido, vestía muy a la moda, era el típico chico de 20 años enamorado de su chica ideal.

Entre almohadas color rosa observé detenidamente cada detalle que dibujaba su sonrisa mientras se miraba por enésima vez al espejo, estaba sin maquillaje y su cabello estaba recogido de lado, estaba lista para acudir al encuentro. Su sorpresa fue mayor cuando miró de reojo, ‘por fin despiertas’, me dijo. Sí, estaba cansada. 

Sin mayor espera ella salió del dormitorio y avisté por el espejo del pasadizo el reflejo de un tierno beso entre ambos protagonistas, sentí envidia – lo admito – pero ahí estaba yo, observando la manifestación de amor más básica e inolvidable del mundo. No es para menos, esta pareja cumplía 11 meses de enamorados. Una pregunta nació de repente.

¿Qué había ganado en los últimos años? Es verdad, he tenido muchos amantes fijos y fugaces, un par que trascendió y uno que terminó con mi racha de suerte en un instante. Estaba equivocada, demasiado – creo yo – ahora debo confesarlo con el corazón reconstruido pieza por pieza: estoy sola. Hay que decirlo, tengo a familia y amigos al lado, y les agradezco tanto, pero uno siempre llega a su ‘break point’ pidiendo agua para beber y aliento para seguir. Mi alma estaba enferma, llena de confusiones y temores, dije ‘basta ya’ a tanto hipócrita rondando mi sendero, avanzo sin parar y llegaré a mi objetivo. Ser feliz tiene una connotación utópica para mí, debo continuar conociéndome y crecer, crecer como una sola, sin embargo, ¿qué hago aquí?

Abrazo la almohada color rosa y regreso a mi luna, hoy está llena y brilla en el cielo. La noche promete. Mucho.

Sueño, sueño y sigo soñando con un amor que me brinde un abrazo al dormir, que me recuerde cada atardecer y me dé un beso – donde desee – al amanecer y así empezar un nuevo día. No quiero compromisos pomposos llenos de ‘te amo’ en redes sociales superfluas o mil fotos con dedicatorias cursis, no, nada de eso por favor. Con solo fundirnos las miradas y comernos las bocas en la intimidad me basta, para que negarlo, a veces deseo que me pidan ser ‘formal’ y acabar con esta soledad que arrastro como un karma desde hace 5 años. No fue nada fácil superar una relación de 3 años y enterarse que ‘esa persona’ – la cual te juró amor eterno – inició una nueva relación un día antes de la fecha de aniversario. Yo atravesaba los 19 febreros aún. Desde ese día decidí correr contra el tiempo, vivir el momento y zurrarme en el qué dirán. He recibido todo tipo de comentarios y agravios, la verdad, no me duelen. En mi otro yo que salió a flote, algo como el extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde, solo que ahora el antídoto final no tuvo el veneno deseado y me dejó en un coma inducido espiritual.

Aprendí que mi único amor – por ahora – es mirar el cielo de noche, me recuerda a aquellos días donde caminé por senderos errados, lágrimas caen al darme cuenta que no tengo a nadie quien se arriesgue por mí, que me tome de la mano y saltemos al vacío juntos, que se acurruque en mi pecho y me repita en silencio cuánto estuvo esperándome. Esta soledad es tormentosa y forma parte del karma agridulce que bebo y merezco cada día.

Prendo un cigarro de mora mientras concluyo estas líneas, ¿dónde estarás corazón? Canto al viento y escucho algo de Led Zeppelin sin sentirme culpable por primera vez. Todas mis heridas sanaron, soy otra y no hay marcha atrás.

“All of my love, all of my love, all of my love is to you, babe”.

Perfecto cierre a esta introspectiva alienígena caótica. La luna me arrulla y el viento corre suavemente por mi piel, cierro los ojos y quedo dormida.

Los sueños a veces pueden hacerse realidad ¿no? Imagino cosas y sonrío, tengo fe que algún día pueda habitar este hogar lunar junto a alguien que sepa valorarme. Cursi, ¿no?

Tengo sentimientos, no me juzguen.



Atte. Ali en la luna.