viernes, 3 de junio de 2016

Primera batalla

La alarma sonó a la hora habitual, mi cuerpo yacía tendido en cama y mis ojos se abrieron en medio de la oscuridad, el suspiro combinado con una sonrisa traviesa traía a mi mente momentos tan bellos como la última tarde. Hubiese preferido paralizar el tiempo con mi polvo de estrellas y escapar junto a ti en ese instante, retroceder el tiempo, encontrarme en algún punto de tu camino y gritarte 'aquí estoy' antes que tu vida diera un cambio radical. Pedía imposibles, el destino es tan canijo y desgraciado como un incendio destructor que prefirió colocarnos en un momento de la historia, tu historia, nuestra historia.
Literalmente, tenemos el mundo a nuestros pies, ¿toda la ciudad se habrá enterado de lo que hicimos ayer? Creo que si. Mi pequeño y dulce ser, decidiste invocarme en medio de tu algarabía y aparecí teletransportada de milagro. Ahí estábamos, como dos inocentes niños a punto de escapar del universo por un instante. Cumpliste tu sueño, tendrás tu castillo de ensueño, me muestras cada rincón como un verdadero trofeo, es tu esfuerzo, tus ganas locas de vivir esta vida malparida pese a todos los problemas que pudiste vivir en el pasado; es tu fuerza natural, combinada con mi sonrisa infinita al verte emocionado y orgulloso de ti mismo. Dices que aun falta más, tienes en mente miles de planes y uno de ellos, soy yo. Tengo miedo. Me pides locuras y yo juro cumplirlas a rajatabla, soy terca en mis decisiones y tu demuestras que puedes dominar mis demonios con una sola palabra. Acaricio tu rostro esbozando una sonrisa, lo siento, pero lejos de querer despertar con tu sonrisa a días eventuales, yo quiero estar contigo el resto de mi vida, abrigarte en el invierno, jugar en verano, apoyarte en otoño y hacerte soñar en primavera. Esa, es la única verdad que el mundo sabe a carta abierta.
Recuesto mi cabeza en la pared mientras observo el horizonte, el sol aparece imponente en el firmamento, esas cosas pequeñas son las que me hacen sentir vida de nuevo, fuera de lujos y cosas exóticas, el hecho de saber que hay seres tan divinos como tu me renueva de paz y da aliento al alma. Unas lágrimas recorren mi rostro al sentirme orgullosa de ti, de tu fuerza innata y la locura de arriesgarte a compartirlo conmigo, así sea por un instante.
Me abrazas, coges mi cintura, hundes tu rostro en mi cabello, me reafirmas el hecho de continuar con esta demencia colectiva dual, me besas, me miras y te llenas de mi energía, me repites mil y un veces que me extrañas, me amas, que te espere, y yo, yo solo soy un manojo de nervios entrelazados con tu piel, una pequeña niña que solo pide un poco más de ti, de tus anhelos, de tu fuerza, solo de ti, nada más.
“El mundo está a nuestros pies, de aquí al infinito y 7 mil millones de vidas más”.
Pasan las horas, te quedas dormido en mi pecho, mientras duermes observo tu rostro relajado, tu semblante cambia, tu cabello se renueva, te quedas inmóvil como un bebé, despiertas y continuamos en el ruedo, idas y venidas. La noche promete ser mudo testigo, me transporto en una nube a casa, duermo algo adolorida, ha sido una jornada exhaustiva, luego despierto, suena la alarma a la hora habitual, mi cuerpo yace tendido en la cama, mis ojos permanecen abiertos en medio de la oscuridad, el suspiro combinado con una sonrisa traviesa atraía a mi mente momentos tan bellos como la última tarde. Aquella tarde, que quedará para la historia.

Las horas pasan, tengo un presentimiento que aprieta mi pecho como una lenta agonía ¿Qué pasa? ¿Qué es esto? El tiempo me dio la razón. El sueño se volvió pesadilla, soy herida de muerte, jamás debí dejar el inframundo, maldigo mi suerte y mi inocencia, temo por ti, me da pánico que te estén dañando, daría mi vida y último aliento para protegerte, recuerdo tu teoría de la relatividad, la vida y la muerte, los mundos paralelos. El dragón despertó y yo sigo aquí, no tengo nada a mi defensa, mis manos están vacías, solo me queda la magia interna, mi espada de luz quedó en casa, he entendido ahora, es momento de la primera batalla…  
(Continuará)