miércoles, 8 de junio de 2016

Realidad

Arrodillada junto a la ventana, con los brazos colgando al vacío y el canto de un pájaro: ese es el panorama luego de tres días de silencio, silencio sepulcral, altanero y cobarde. Doy mi último rezo, mientras mil gotas de rocío caen en mis mejillas, el viento helado avisa que un inesperado invierno ha invadido mi primavera, sigo confundida, tengo frío, la temperatura es implacable y necesito abrigo, todo es en vano, mis brazos están congelados al igual que mis pies. Una presión en el pecho me avisa que es hora, hora de dejar atrás cada dolor, humillación, palabra no dicha, escondida, perdida. Reviso entre mi ropa si existe alguna capa, me coloco un poncho de hilo blanco para salir a caminar no sin antes poner en la cartera mi polvo de estrellas, una libreta, un lapicero, el corazón roto y una esperanza inquebrantable.
He vuelto a la realidad, no estoy en la Luna, no soy una alienígena ni mucho menos un ser estelar; soy yo, Ali. Un simple chica que buscó refugio en brazos prohibidos, aquella que recibió una herida mortal espiritual hace pocos días, la que salió de las cenizas y ha regresado a su cordura, quien dejó las pastillas, que retomó su pasión (el arte) y sobretodo, quien decidió amarse a si misma pese a la adversidad. Sentada en una sala de redacción me encuentro, mirando la ventana, viendo como las aves pasan e imaginando un mundo que no existe, un universo paralelo lleno de perfección, lo peor de todo es que fui yo quien lo escribió, un par de ojos vuelven a la mente, un adiós caótico, cargado de mentiras, odio, demonios, olvido, calumnias, manipulación, interés, cobardía y fe.
Fe, fe de volver a verte, en no olvidarte, en revivir en otras 7 mil millones de vidas más y hasta el infinito para ser felices por fin. Maldita sea la hora, el momento, la circunstancia, el sabotaje, todo. Debo hacerme la idea que jamás serás mío, nunca podré verte al amanecer acariciándote el rostro y sonriendo abrigado a mi pecho, todos mis sueños murieron, se congelaron, ¿y yo? Aquí, sentada, recreando mi mundo oyendo la misma canción – nuestra – en la radio, gritando en silencio y corriendo por todos los pasillos de este laberinto llamado realidad.
Unas manos oliendo a manzana cubren mi rostro desencajado, secan las lágrimas y sienten el viento frío limeño. Voy sola al cine, me siento en la butaca final, me hago 'bolita', veo una película de Disney; el nombre de la protagonista me recuerda a esos días donde pasaba esas mismas manos con aroma a manzana por mi vientre aún plano pero que florecía en su interior. Violetta, Luna, Luna Violetta. Fernando, Rafael, Rafael Fernando. Hubiese sido perfecto saber qué color de ojos tendrías, si heredabas mi cabello o el hermoso alboroto de él, si tenías el poder de volver el día más frío en un verano con tan solo mostrar tu sonrisa, si gritabas por las noches para cantar o investigar algún texto de medicina, fácil hubieses salido corriendo – como ambos – en búsqueda de nuevos horizontes, no lo sé, Dios sabe porque hace las cosas. Tomo un sorbo de agua, sigue la proyección, llega el final, la protagonista encuentra por fin su destino, salgo de la sala, un poco identificada - no voy a negarlo - todos me miran, me siento acosada, corro al baño y me veo al espejo, una anciana de cabellos dorados me pregunta si soy actriz, le respondo que no, me mira nuevamente y me repite '¿segura? Eres muy linda como para desaprovechar un chance, éxitos'. Quedo en jaque, me lavo la cara sin ni una gota de maquillaje, estoy roja; mis mejillas y labios rosados hacen contraste con mi saco de cuero rojo, mis jeans azules, mi blusa blanca y mis botas de tacón marrón claro. 'Me veo bien', sonrío.
Camino todo Larco rumbo al paradero, llego a Petit Thouars, tomo el bus a casa, 'será un largo tramo', pienso, cierro los ojos y me concentro. Vuelvo a sonreír en silencio, llego a casa, saludo a mamá, ceno, la misma rutina de siempre, el mismo cuento de siempre.

¡Alto! Me olvidaba, Ali sigue en la Luna. 
Sueño y regreso a mi universo, esparzo un poco de polvo de estrellas en el pasto humedecido, el invierno se esfumó, ha salido un sol espléndido en mi hogar, mientras que a lo lejos un grupo de personas de asoma, ¿Quiénes son? ¿Qué quieren? No tengo miedo, creo que ya sé a que vienen. Prendo la estufa, cocino un poco de pasta, las buenas nuevas se aproximan, un viaje a Júpiter es mi próximo destino. Tal vez si, tal vez no. Lo dejo en sus manos.