viernes, 3 de junio de 2016

Retorno a la Luna

Han sido las 24 horas más caóticas de mi existencia, donde una montaña rusa de emociones ha recorrido mi entorno llegando al fondo de mi ser y subiendo por la curva de mi demencia. Despierto envuelta en una sombra casi sepulcral, miro a mi alrededor y solo hay sombras, humo, desierto, frío, lágrimas, temor y un sinfín de cosas que me devuelve a la vida, con un poco de valor y fuerzas para salir huyendo de este calabozo tenebroso y patético. Miro hacia atrás mientras mi ojos se humedecen a cada paso. No quiero irme, no quiero dejarte solo, no ahora, pese a haber perdido una batalla inicial, he sido herida de muerte, mi cuerpo sangra, me han robado el polvo mágico para volver a casa, Ali no puede ir a la Luna este amanecer, hoy no. Hoy no.

Grito y nadie me oye, trato de hacerte señas con las pocas fuerzas que me quedan, y no contestas, solo repites un libreto por obligación mientras tus ojos me dicen otra cosa: 'huye Ali, corre, sálvate, puedes estar bien sin mi'. No puedo, pero mi esperanza y fe en ti es más fuerte que nada en este universo, 'en esta vida y 7 mil millones más ¿no es así?', sacudo mi cabeza, mis cabellos ondulados se pegan a mi rostro húmedo y mis labios tiemblan al pronunciar tu nombre, no escuchas, solo quieres que me vaya mientras el dragón va a tu encuentro, va a devorarte, a maldecirte, a culparte de todo, de tu existencia, del aire que respiras; y yo, yo solo debo correr sin mirar atrás. Odio las despedidas, soy mala en esto.

Han pasado las horas, he caminado cientos de kilómetros con los pies descalzos, a lo lejos diviso un oasis, posiblemente sea una alucinación, pero no, ahí está, el oasis que todo superviviente desea hallar en medio del desierto árido y congelado. Hundo mi cuerpo en el agua fresca, me quito las ropas llenas de sangre, mis manos recorren cada rincón de mi ser, dolorosa situación, castigo ejemplar. Llega la noche, sigo flotando sobre el agua, no tengo casi nada de sangre en el cuerpo, palidezco, deliro, grito tu nombre al cielo estrellado y me sacudo de dolor evocando gratos momentos. Alto. Para Ali, un ángel ha venido a rescatarte. 

- ¿Por qué lloras tanto? ¿Por qué dejaste la luna?
- Solo quería hacer las cosas bien, ya no aguanto esta soledad ángel de la guarda.
- ¿Sabías que existen las segundas oportunidades? Ven, dame la mano, te llevaré a casa. 

Como un rayo mi ángel me cargó entre sus brazos, mi cuerpo desnudo se envolvió de ropas aterciopeladas, mis pies tenían sandalias de oro, mi cabello adornado con flores multicolores y mis ojos, casi disecados, volvieron a la vida. Ya en casa, al cual llamo 'inframundo', fui acomodada en la silla de caracolas y espaldar celestial, en la misma ventana, al lado del pajarillo azul, bajo la sombra del árbol que planté para esperar tu regreso. Una, dos, tres, veinte, ochenta, mil lágrimas recorren mis mejillas rosadas. Antes de irse, mi ángel me regala una bolsa de polvo de estrellas, una vara de rocas de marte y una esfera de cristal de neptuno, 'desde aquí, puedes verlo, no te preocupes Ali, todo estará bien'.

Cierro los ojos mientras mi ángel se pierde en medio del horizonte, nuevamente he aquí sola, en recuperación indefinida, revivida por gracia divina, salvada por un ángel enviado por mis amigos y lectores. Gracias por invocarlo, gracias.

Quedo en silencio por varios minutos, la radio cósmica hace sonar nuestra canción, melodía que escuchamos horas antes de la batalla, mientras me explicabas sobre la teoría de la relatividad a tu modo, como somos átomos, electrones, la vida y la muerte, el estar aquí y en otra dimensión paralela también. Ay pequeño ser, rezaré todas las noches hasta que regreses.

¿Quién me puede prohibir que yo mencione tu nombre? Te esperaé, nunca lo olvides, si no es en esta vida, será en la otra cuando seamos gatos, o perros, o a mi me guste el verano y tu ames el invierno, para poder por fin caminar de tu mano y acariciarte el cabello mientras vemos el atardecer con el mundo a nuestros pies. Perdóname por no ser fuerte y luchar, te amo tanto que prefiero sacrificarme para que seas feliz. Mientras tanto, viviré en este exilio perenne mirando el horizonte a ver si regresas. ¿Regresa si? Algún día, a cualquier hora, pero regresa.


Pd. Le pido al cielo que te proteja, mientras que yo, ya le encontré el gustito a la espera.